Como
ya les había contado en otra entrada, el blog de adictos a la escritura ha vuelto a funcionar. Para el proyecto de este mes se ha
determinado hacer un escrito que tenga al invierno como ingrediente
principal, así que hice mi mejor esfuerzo con este relato, que
siendo sinceros no quería centrar en las festividades sino más
bien, dejar a esta época del año como protagonista, que al fin esa
era la idea.
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martes, enero 17, 2017
viernes, octubre 31, 2014
Proyecto De Octubre en Adictos
Por las celebraciones de Halloween y
Día de muertos, este mes en Adictos A La Escritura, se acordó
elaborar un relato de acuerdo a la ocasión. Este mes participo con
un relato muy simple pero que creo que al final refleja muy bien lo
que quiero decir. Espero les guste.
* * * * *
El Bosque Maldito
Dicen que en ese bosque pasan cosas
raras, la gente del pueblo dice que muchos hombres valientes han
entrado en él pero jamás han salido. Muchas personas han querido
cruzarlo pero ninguno lo ha logrado vivo.
sábado, abril 26, 2014
El personaje | Proyecto De Abril
Hoy
participo en el proyecto del mes en Adictos A La Escritura, el cual
consistió en crear un relato basado en un personaje cuyas
características fueron previamente establecidas. Tenía muchas ganas de
participar y creí que casi no lo lograba, así que lo hago con este
micro relato que espero sea de su agrado.
Sin
más preámbulos, les dejo el relato:
jueves, octubre 31, 2013
Proyecto De Octubre En Adictos
Hola:
Este mes en Adictos A La Escritura, el ejercicio consistía en desarrollar un relato basado en la temática de horror. Les presento aquí mi proyecto, que aunque no es exactamente horror, tiene algo de suspenso. Espero les guste. Sin más los dejo con mi relato.
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EL PASAJERO
Corría apresurado rumbo a la estación de trenes.
Debía haber abordado el tren hacía diez minutos pero aún se encontraba
corriendo hacía el andén. Llevaba el velís en la mano derecha y a ratos debía
ayudarse de la mano izquierda para sostenerlo sin dejarlo caer. Por el atuendo
que llevaba podía saberse que era un hombre de clase media alta, más bien de la clase media trabajadora. Un
médico o un profesor tal vez, por las manchas de tiza que caían de su saco.
Cuando llegó por fin a la estación de trenes apenas
vio el tumulto quiso abrirse paso para llegar al tren pero se vio obligado a
descansar los brazos en las rodillas y recuperar un poco el aliento. En eso
estaba cuando el silbido del tren y el sonido de las ruedas emprendiendo la
marcha lo hicieron pegar una nueva carrera y subirse a uno de los vagones que tenía delante.
Una vez a bordo del tren, notó que la sección en la
que se encontraba era la de los camarotes privados. Pensó en lo mucho que le
encantaría viajar ahí, pero los camarotes estaban reservados únicamente para la
primera clase y él estaba muy lejos de pertenecer a una clase tan alta como la
realeza, así que tuvo que conformarse con el asiento que esperaba por él en la
tercera clase, donde los asientos estaban acomodados en fila y en los cuales
podían sentarse dos personas por asiento, algunos estaban dispuestos de tal
modo que las personas podían mirarse de frente los unos a los otros. Pero el
lugar donde él estuviera sentado era lo que menos le importaba. Él sólo quería
llegar a su destino para poder desposar a su amada al fin.
Miraba el horizonte pasar a través de la ventana del
vagón. Y cerrando los ojos evocó a su amada Mary quien seguramente le esperaba
ansiosa y así se quedó dormido. En medio de la oscuridad escuchó una voz
llamándolo, se escuchaba muy lejos. Él estaba de pie o eso creía porque no
podía ver nada, no sentía ni si quiera el viento chocar contra su piel, pero
podía escuchar ese suave murmullo pronunciando lo que parecía su nombre.
—John…—decía la voz —John —volvía a decir.
—¿Quién es? ¿Qué quiere? —Un chirrido tan profundo
lo inundó al mismo tiempo que una luz cegadora lo arrasó todo. Abrió los ojos.
—Un sueño… Pero… Que cosa tan extraña —dijo
restándole importancia.
Volvió a mirar por la ventana y se notó que ya
había oscurecido. El sonido de su estomago le recordó que aún no había cenado y
se levantó de su asiento para dirigirse al comedor.
Cuando estaba a punto de deslizar la puerta que le
llevaría al comedor, una mujer muy bien vestida salió apresurada. Salió tan
rápido que inevitablemente chocó contra su cuerpo. Al pasar a su lado pudo
verle parte del rostro que ella cubría con un abanico, un sentimiento extraño invadió su ser. No supo
que fue lo que sintió pero durante la cena sólo pensaba en esa mujer tan
misteriosa e intentaba explicarse a si mismo que era aquel sentimiento que ella
le había causado.
Se levantó de la mesa y decidió dar un paseo para
despejar un poco su mente. Pensó en ir al último vagón para mirar las vías quedarse
atrás como solía hacer con su padre cuando era niño; pero en ese momento escuchó
un grito. Era una mujer. Levantó la vista y sólo observó el faldón de un
vestido perderse de vista al atravesar hacia otro vagón. Corrió a auxiliar a la
mujer pero algo extraño lo detuvo: nadie más en el vagón se preocupó por ayudarla.
Acaso ¿nadie más la había oído?
Siguió caminando esta vez con calma, observando a
las personas, pero estas se veían muy normales, entretenidas en sus cosas. Algunas
apenas advirtieron su presencia pero el joven notó como uno de ellos lo
observaba. Era un hombre alto y en cuanto percibió que lo miraba cubrió su rostro
con el periódico que fingió leer, pero el muchacho ya lo había visto y ya había
notado algo extraño en la mirada de ese hombre de sombrero de copa. Algo que
sin duda llevo a su memoria la imagen de la mujer en el comedor. Sin más
decidió salir del vagón y emprender su marcha hacia el último furgón y dejar
del lado lo que acaba de escuchar.
En la puerta del penúltimo vagón, estaba parada una
niña de frente a él, parecía que le esperaba. La niña sujetaba una muñeca en el
brazo y llevaba puesto el mismo faldón
que minutos antes había visto alejarse. En cuanto la niña lo vio, salió del vagón
y el muchacho claramente pudo escuchar abrirse la puerta del siguiente furgón y
luego cerrarse.
¿Pero qué estaba sucediendo? Abrió la puerta y
sintió algo oprimir su estómago hasta que se encogió, ¿Pero qué era todo
aquello? ¿Porqué sentía que debía salir corriendo y volver a su asiento en tercera
clase?
Ignorando aquellos confusos sentimientos se llenó de
valor y abrió la puerta del siguiente vagón entrando a él de un solo paso, pero
cuando estuvo ahí no vio a nadie. El interior estaba completamente oscuro y era tenuemente iluminado por la luz de la luna.
Cerró la puerta tras de si y se encaminó hasta la barandilla,
creyendo que tal vez la niña había saltado.
Miró hacia las vías pero no pudo distinguir nada. No había nadie además
de él en ese lugar, o eso pensaba. De pronto pensó en la mujer del comedor,
había sin duda algo muy raro en ella, lo que le recordó inevitablemente al
hombre que lo observó en el vagón donde escuchó sonidos extraños que nadie más
pareció notar, y ello lo hizo pensar también en la pequeña niña que vio entrar
en el vagón, porque sin duda la había visto. Pensó que todos ellos tenían algo
en común y mientras más lo pensaba no encontraba nada que los relacionara. Se
quedó pensando en eso cuando recordó lo poco convencional de sus rostros.
—En esos rostros —decía para sí —había algo extraño,
sus rostros… parecían deformados… sus ojos eran como… Era como si algo
deformara sus facciones… como si tuvieran algo que no pareciera…humano.
Entones lo supo. No estaba solo. Nunca lo había
estado. Comprendió al fin aquel sentimiento que lo incitaba a irse. Aquello que
lo obligaba a salir corriendo de ahí. Era miedo. Estaba temblando de miedo. Sus
manos se aferraron con fuerza a la barandilla pero ya era tarde. En ese momento
lo supo. Todo había sido planeado para llevarlo hasta allí. Esa cosa. Ese extraño
ser lo había atraído hasta ahí y él había picado el anzuelo. Escuchó algo
pesado caer desde el techo y sintió el suelo debajo de sus pies cimbrarse por
el peso. Pudo sentir su aliento soplar sobre su cabeza, meciendo sus cabellos
castaños. Sabía que ese era su fin. Quería salir corriendo pero estaba
paralizado por el miedo. Intentó moverse pero no pudo y gritó. Lanzó un grito
tan fuerte que creyó que todo el tren lo escucharía. Pero estaba equivocado. Su
voz se confundía con la brisa del viento.
—¿Escuchaste eso? —dijo una joven en el comedor.
—¿Qué cosa? —preguntó su acompañante —Lo siento, no
escuche nada. Anda termina la sopa, me gustaría chalar un poco después.
—No —dijo ella —me gustaría dar un paseo a solas después.
—¿Un paseo por los vagones del tren? ¡Que extraña eres!
—dijo el joven de cabello negro mientras la miraba sonriendo.
—¿Sabes? He tenido un sueño absurdo, estaba todo
oscuro y de pronto….
—¿Qué? ¿Pasa algo? —intervino el joven al percatarse
que algo había desconcertado a la chica ya que ahora miraba en dirección
opuesta donde él se encontraba.
—¿Viste a ese hombre? —preguntó la chica regresando la vista hacia su
acompañante —tenía algo muy…inusual.
Mientras el resto de los pasajeros se encontraban
disfrutando alegremente de su viaje, el muchacho deseaba jamás haberse
levantado de su asiento. Sus piernas temblaban y creía ya no ser capaz de
sostenerse. Sintió unos filos ajenos clavarse en su pecho, en sus brazos, en
sus piernas. Estaban fríos. Se aferraban cada vez con más fuerza a su ser.
Podía sentirlos poco a poco clavarse en su cuerpo atravesando su carne, desgarrando
su existencia lenta y dolorosamente. Era
una escena harto estremecedora observar a aquella cosa engullir su substancia
mientras él aun estaba vivo. Pero ese no era el fin. No, claro que no. La noche
apenas había comenzado y todo parecía indicar que iba a ser muy larga.
El silencio se llenó con un grito agudo y lastimero
pero la vida del muchacho ya se había extinguido.
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Espero lo hayan disfrutado. Un beso.
lunes, febrero 25, 2013
Proyecto de Febrero: Fuera de lugar
Hola a todos:
Estoy muy contenta de poder participar este mes en Adictos A La Escritura porque pensé que este mes tampoco iba a ser posible.
El ejercicio del mes era escribir una escena con ciertas características que no correspondieran a ella y hacer que encajaran como parte de la historia. Este es el resultado que yo logré.
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Llegó a casa después de un duro día en la oficina. Su jefe
lo tenía harto. Simplemente ya no podía soportarlo más. Tenía el cuerpo
entumido y ese dolor en los hombros, ya tan común; se negaba a abandonarlo.
Al entrar a su apartamento se quitó el abrigo y lo acomodó
en el perchero junto a su bufanda gris. Estaba cansado. Pensó que sería bueno
darse un baño. Tal vez eso lo haría sentir mejor. Tal vez el agua se llevara
consigo su cansancio. Giró la perilla de
metal que brotaba de la pared y un líquido cristalino comenzó a llenarle el
cuerpo ahora desnudo. No era un hombre atlético, aunque tampoco era robusto. A
pesar de su vida monótona y sedentaria su cuerpo no estaba tan mal. Si bien era
cierto que sus músculos no eran los más desarrollados su cuerpo no estaba
flácido, pero su dieta irregular había logrado que cierta cantidad de grasa se
aferrara a la piel de su abdomen provocando un pequeño pero notorio
abultamiento en él.
Tan sumergido estaba en su labor, que no fue consciente del
momento en el que un intruso irrumpió el cuarto de servicio. Sólo notó su
compañía cuando sintió sobre su piel unas manos suaves y frías recorrer la
longitud de su pecho. Sintió la redondez de unos pechos firmes oprimirse contra
su espalda. Era una sensación muy placentera y gratificante que simplemente se
dejó llevar por las caricias. Poco a poco se volvió para mirar el rostro de su
acompañante y al toparse con esos ojos marrones mirándolo fijamente no pudo
evitar sentir un leve temblor en su interior. Era su esposa. Llevaba casi
cuatro años casado con ella. Ella era la razón por la que aún soportaba su
empleo y a su jefe, con la esperanza de darle una vida mejor, a ella, a la
mujer que había cambiado su mundo. Esa mujer, que ahora le llenaba la boca de
besos, aún podía hacerlo sonrojar cada vez que le miraba intensamente el cuerpo
desnudo.
Instintivamente rodeo su cintura y atrajo su cuerpo contra
el suyo. Dejó que su mano derecha se deslizara por la redondez de su nalga y la
apretó con fuerza. Ella se apartó de súbito de su cuerpo y le regaló una mirada
coqueta mientras una sonrisa traviesa iluminaba su rostro. De pronto, tan
sorpresivamente como había llegado se marchó dejándolo confundido y azorado. Él
amaba que ella fuera así. Siempre tratando de hallar la forma de innovar sus
encuentros sexuales de una manera tan casual que parecía que era más bien parte
de su personalidad. Y así era. Y por ello él la amaba tanto.
Una vez liberado del trance en el que se había sumido, salió
por el pasillo que trazaba una línea recta hasta su habitación. La habitación
donde tantas otras veces se habían amado ya. La emoción que llenaba su cuerpo,
producto del deseo que surgía en él, hacía que dejara de prestar a tención a
todo lo demás y se concentrara tan sólo en apagar con besos y caricias su
pasión. Por ello no fue consciente del momento en el que su brazo se estrelló
con la repisa del pasillo y provocó que su pequeño androide fuera a dar hasta
el suelo y se hiciera pedacitos. Se trataba del proyecto con el que había
ganado la feria de ciencias a los quince años, el único proyecto en el que su
padre había mostrado interés y le había ayudado a construir. Hacía ya varios
años que había dejado de funcionar pero lo conservaba por mero valor
sentimental.
Cuando entró a la habitación su mujer lo esperaba sobre la
cama. Lo único que cubría su cuerpo era un pesado acordeón que sostenía como si
tuviera la intención de reproducir algún sonido en él. No entendía porque
aquella visión lo excitaba tanto. Era como si verla así, hiciera funcionar un
mecanismo en él que encendiera su pasión hasta desbordarla. Ella tampoco lo
entendía pero no lo juzgaba. A ella lo que le excitaba era la expresión en el
rostro de su esposo: esa mueca que resulta de la mezcolanza entre la felicidad
y el deseo.
No pudo resistir más y se abalanzó sobre ella llenándola de
besos. Estar entre sus brazos lo hacía sentir pleno, pero necesitaba más.
Necesitaba sentir el calor de aquel cuerpo fundiéndose con el suyo. Apartó con
brusquedad el acordeón mientras sujetaba a su mujer por la cintura, la abrazó
con fuerza. Ella gimió en respuesta a las caricias que su compañero le regalaba
y le dejó hacer su voluntad.
Acarició la longitud de sus piernas desde la rodilla hasta
el muslo y una vez ahí se detuvo cerca de su sexo al notar la humedad que
llenaba su piel. La miró a los ojos y le regaló una sonrisa sensual mientras
recorría con su boca el camino de descenso desde su cuello hasta el lugar donde
había estado antes su mano. Ella estaba extasiada. Sentir aquella boca recorrer
su cuerpo le encendía cada ves más hasta que sintió la suavidad de una lengua
adentrarse entre sus piernas. El placer que estaba experimentando era
inigualable. Su cuerpo temblara y se retorcía. De su garganta escapaban jadeos
y gemidos que no podía ni quería apagar. Sujeto los cabellos de su amante
mientras el placer seguía aumentado. Ni siquiera tuvo que pedirle que no se
detuviera. Ella sabía que no lo haría. No hasta que escuchara salir de su
garganta esos gritos de placer que se antojaban como la melodía más afrodisiaca
que jamás hubiera escuchado.
Después de su primer orgasmo ella se relajó. Abrió los ojos
y se topo con los ojos fijos, casi inertes, de Teo, su pez dorado, mirándola. Se
preguntó que es lo que podría pensar un pez después de verlos haciendo el amor.
No tuvo mucho tiempo para seguir con sus cavilaciones por que su amado esposo
ya empezaba de nuevo a acariciarla. A encender en ella la pasión que él
desbordaba. Después de todo ellos aún eran jóvenes y la noche aún era muy
larga.
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Gracias por pasarse por aquí. Sus comentarios, como cada mes, son bienvenidos. Un beso.
P.D. Lamento no haberle puesto título, pero es que rralmente no se me ha ocurrido ninguno y no vi porque no dejarlo así.
jueves, noviembre 29, 2012
Proyecto de Noviembre: Las Palabras Prohibidas
¡Hola a tod@s!
Para el proyecto de Adictos a la escritura de este mes, se propuso hacer un microrrelato con una serie de palabras prohibidas de acuerdo a la temática que se eligiera de una lista previamente redactada.
La verdad es que no estoy familiarizada con este tipo de escritura y esa fue una de las razones principales por las que me animé a participar este mes. También por eso me puse a investigar un poco sobre el tema y espero que el resultado que obtuve les agrade tanto como a mí. Sin más preámbulo los dejo con el relato.
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Tómame
Tómame

Estaba temblando. Miró la habitación
del hotel en la que estaban y le pareció bastante acogedora. Se sentía tan
triste. Estaba ahí en los brazos del hombre que adoraba pero no era feliz. Estaba
entregándose a ese hombre al que había tomado tantas noches. Pero esta noche
entre sus brazos no podía dejar de llorar. Esta noche en la que él estaba llenándola
de besos, no podía sentir el calor que despedía la piel que cubría la suya. Lo quería
tanto y sabía que jamás podría tenerlo porque él no era suyo. Le regaló un beso
y ella lo recibió con labios temblorosos. Él la miraba mientras devoraba su esencia
y su ser. Comprendía su tristeza y lo que era más, la compartía. Sabía tan bien
como ella, que esa noche en la juntaban de nuevo sus cuerpos, sería la última.
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Gracias a todos por leer. Espero que les haya gustado. Sus comentarios, como cada mes, son bienvenidos. Un beso.
miércoles, septiembre 26, 2012
Proyecto de Septiembre: El Mes del asco
¡¡Hola a todos los adictos!!
El proyecto de este mes para adictos a la escritura, era escribir una historia de temática gore. Dudo mucho que mi historia pueda ubicarse dentro de esta temática por ello me abstengo de poner una advertencia o algo parecido, pero hice mi mejor esfuerzo y me gustó mucho el resultado que logré, espero que a ustedes también les agrede, sin más los dejo con la historia.
.... La Última Batalla....
Toda mi vida me había preparado para esto. Toda mi vida me había
preparado para este encuentro. Para enfrentar al hombre frente a mí. El hombre
que había arruinado mi vida. El hombre que había matado a mi padre, el mismo
que había violado a mi madre.
Había entrenado desde entonces para asesinarlo. Y ahora de pie frente a
él, me estaba muriendo de miedo. Las historias que contaban sobre él no eran
exageraciones. Era un hombre grande y poderoso, sin duda el asesino más
sanguinario de todo Japón. Algunos decían que había sido el mejor samurái que
existiera alguna vez. Había sido obligado a dejar la espada tras el Shogunato
Tokugawa, pero en vez de eso se convirtió en ronin y posteriormente en el asesino que era hoy. Y no había duda de lo que era pues
de pie frente a mí, blandía la espada sin dilaciones ni titubeos.
Era media noche pero la luna brillaba intensa sobre nuestras cabezas, iluminando
los pasos que acortaban la distancia entre él y yo. Apenas podía sostenerme,
tuve que sujetarme de mi propia espada cuya punta se aferraba a la tierra para mantenerme
en pie, respiraba agitadamente y mis jadeos agonizantes rompían el silencio que
llenaba la atmósfera. De mi brazo izquierdo, ahora inmóvil, se deslizaba
serpenteante un hilo de sangre, que dibujaba el camino hasta mi mano donde
podía escuchar como goteaba para formar parte del charco que ya comenzaba a
formarse.
A varios metros de mí, él me miraba fijamente, mi vista estaba nublada y
mi cabeza no podía pensar claramente, pero podía distinguir perfectamente su
figura: su rostro inmutable como si careciera de sentimiento alguno, su frente
apenas perlada de sudor atraía los cabellos sueltos que se pegaban a su cara
inescrutable. Sostenida por su mano derecha, el filo de su espada brillaba
reflejando la luz de la luna llena sobre mi cara, apuntándome con su filo
mortal, como insinuando mi destino.
Con un esfuerzo sobrehumano me incorporé, mis piernas no tenían fuerzas
pero me mantenían firme. Concentré todos mis pensamientos en mover los músculos
que aún me respondieran con el único objetivo de atacarle, de acabar con su ser
y cobrar al fin mi venganza.
Me acerqué con paso decidido y rápidamente él avanzó hacía mi con la
intención de vencerme. Nuestras espadas se encontraron con el típico sonido del
metal al golpearse. En un movimiento que apenas percibí se deshizo de mi ataque
y al segundo siguiente sólo fui consciente de su espada sobre mi ojo derecho,
un dolor lacerante invadió mi ser, solté la espada y con ambas manos cubrí mi
rostro lanzando un grito sordo de mi pecho, la sangre brotaba de mi cuenca ya
vacía salpicando los jirones de mi ropa, enrojeciendo todo a su paso.
Lleno de ira me levanté y lancé hacia él mi torpe ataque, a pesar de la fuerza con la
dirigí mi embestida, su figura no se inmutó. Envainó la espada y me golpeó el
costado derecho con el mango. Mi propio impulso convirtió su débil ataque en un
golpe seco que me sacó de equilibrio. Me encogí por el dolor pero el guerrero,
sin perder el tiempo, desenvainó la espada y dibujó una línea recta desde mi
vientre bajo hasta mi hombro izquierdo. Me atravesó con fuerza y de un solo movimiento
me partió el cuerpo.
El calor de su espada llenó cada parte de mi ser, podía ver mi propia
sangre brotar de mi cuerpo inmóvil cubriéndolo todo con un baño escarlata. Caí
al suelo en un golpe brusco y el dolor
aumentó a tal punto que de mi garganta ya sólo salían extraños sonidos guturales
que no podía reconocer como mi voz. El hombre me miró de cerca y a contra luz pude
apreciar mi sangre abrazándose a su espada.
Con un ágil movimiento la agitó en el aire y el líquido se deprendió del acero regando la tierra. La envainó de nuevo ya sin rastros de violencia, ni
siquiera en su rostro había señales de pelea. Dio media vuelta y pude ver su
espalada alejarse.
Tendido de bruces en el suelo, podía ver partir a aquel hombre indescifrable
para luego desaparecer en la oscuridad de la noche mientras exhalaba el último
suspiro de mi aliento.
..........................
sábado, julio 21, 2012
Proyecto de Mayo
Esta fue mi participación para Adictos a la Escritura en el mes de Mayo. El ejercicio consistió en escribir un relato inspirado en un imagen.
... Despedida ...

Respiró profundo y el aire caliente chocó contra el cristal de la ventana del autobús en el que viajaba. Estaba harto. En el trabajo la vida era tan monótona que le hacía desear marcharse de ahí, en casa las cosas no eran diferentes, su esposa lo atosigaba cada noche con exigencias que su trabajo no le permitía satisfacer, su pequeña hija Diana, era la única razón que le alegraba los días y hasta la vida misma. Pero su vida ya no podía seguir así y eso lo supo el día que la conoció. Cuando la vio cruzar la puerta de la sala de juntas con ese vestido ceñido a su delgada figura, jamás pensó que ella pudiera cambiar su vida de esa manera. Su nombre era Zarah.
Nunca había conocido a una mujer así, todo en ella le impresionaba. Su figura, su cabello, sus hermosos ojos claros, pero lo que más llamaba su atención era la forma en que hablaba, más específicamente la forma en la que le hablaba a los demás, cuando daba conferencias a los inversionistas y hablaba con los demás empleados, todos escuchaban atentos cada palabra que lanzaban sus labios y hasta parecía que el tiempo mismo se detuviera para escucharla, hasta el mismo podía pasarse horas escuchándola mientras miraba su figura.
Todo iba bien hasta que ella comenzó a mirarlo también, comenzó a acercase a él; no sabía porque razón pero ella sentía una atracción inevitable. En las juntas de equipo, como las llamaba el jefe; ella sentía su mirada penetrante sobre su persona y había algo en esos ojos grises que la intrigaba y al mismo tiempo la atrapaban. Tal vez fuera esa tristeza que se escondía detrás de sus pupilas cristalinas o el profundo pesar que le llenaba el rostro cuando llegaba la hora de partir a casa. Sea lo que fuere la atraía y la atracción que sentía por ese hombre era algo que iba más allá de lo físico, ella estaba decidida a cambiar esa expresión de su rostro cansado, deseaba cambiar esa tristeza por un rostro lleno de ilusión y de felicidad. Y no sólo eso, ella anhelaba ser el motivo de tales sentimientos, quería ser la razón por la que él despertara sonriendo todas las mañanas y el recuerdo en su mente al dormir cada noche entre la tibieza de la cama.
Un día mientras él almorzaba en la cafetería ella se decidió por fin a dar el primer paso, se sentó junto a él y comenzó a charlar.
-¿Qué tal el trabajo?- soltó con su voz seductora.
-Igual que siempre- sonrió –igual de terrible que el arroz de la cafetería- ella dejó escapar una sincera carcajada y el cayó rendido a ella.
-Espero no sea tan horrible mi compañía- decía mientras clavaba su mirada en aquellos ojos varoniles.
-Eso sería imposible, tu compañía, como tú, resulta encantadora –contestó mientras dejaba que sus dedos bruscos rozaran la suavidad de su muñeca.
Llenaron su almuerzo con platicas banales hasta que llegó la hora de volver a sus puestos, y así fue cada tarde después de esa. Entre los dos iba creciendo poco a poco algo que iba más allá de la simple convivencia laboral, más allá de una inocente amistad. En sus ojos brillaba cada vez que se miraban, el deseo prohibido de estrechar sus cuerpos, de juntar sus almas solitarias hasta la eternidad.
Pero él sabía que lo que hacía no estaba bien, él tenía una esposa, que si bien no amaba aún era obligación suya, y su hija, su pequeña Diana.
<< ¿Qué pasará con ella después de esto? ¿Cómo le diré a mi pequeña que quiero dejar a su madre? Tal vez pueda llevármela conmigo, tal vez Zarah la aceptaría si yo se lo pidiera. >>
Seguro que eso no funcionaría, Zarah jamás le perdonaría haberla engañado, si bien no le había mentido, no le había contado toda la verdad y eso es algo que una mujer no podía perdonar, lo sabía por experiencia. Y Diana, ¿Aceptaría a la nueva intrusa en la vida de su padre? ¿Lo odiaría a él también por lo estaba haciendo?
No sabía como enfrentarlo y no quería perder esta oportunidad de amar, de vivir, de disfrutar su vida por primera vez en mucho tiempo, pero tampoco quería perder a su pequeña niña. Así que no hizo nada, dejó que las cosas avanzaran a su debido tiempo y pensó en que ya se le ocurría algo que hacer cuando llegara la hora, se dedicó a disfrutar lo que tenía hoy y ahora, así su mente sólo tenía que ocuparse de un sólo pensamiento a la vez. Así su vida no parecía tan complicada.
Esa noche llegó a casa con la certeza dibujada el rostro, tenía la seguridad de que se iría esa noche y sus pasos lo guiaron hasta la pequeña habitación adornada con listones y flores de colores.
-Por favor Dios, cuida de él- decía una tierna voz dentro –por favor Dios, bendice a mi Papá y haz que sea muy feliz- se asomó por la puerta entre abierta para observar sin interrumpir la sincera oración de la pequeña.
Arrodillada frente a su cama con las manos entrelazadas, se hallaba la niña, vestida con el pijama que él mismo le regaló, con el cabello largo y castaño cayéndole por la espalda orando por aquel que esa noche iba a abandonarla.
-Haz que sea muy feliz y que en su camino encuentre a alguien que lo haga muy feliz. Por favor Dios, te pido que alguna vez, tan sólo por un momento se acuerde de mí, por favor Dios, dile a Papá que nunca olvide lo mucho que lo quiero y que nunca lo voy a olvidar. Por favor Dios, bendice a Papá…
Con un nudo en la garganta y el corazón hecho pedazos, el hombre se alejó y siguió su camino solo en la oscuridad.
Gracias a todos por leer. Espero que les haya gustado.
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