Cariño mío:
Te escribo esta carta porque ya no sé qué más hacer para que me tengas en consideración. Desde que aceptaste venir a casa conmigo he sido inmensamente feliz, sabes muy bien que yo crecí aquí y probablemente por eso es que no he podido irme y el hecho de que seas mi compañía en estas paredes frías es lo único que me salva de la locura. Sin embargo, no he sido ajena a tu creciente indiferencia, y a pesar de mis intentos ya no sé qué más hacer para llamar tu atención, simplemente parece que no quieres escucharme. Me ignoras cada vez que te hablo, incluso he esperado los momentos más silenciosos para acercarme o cuando el silencio de la casa es apenas interrumpido por la televisión, hasta me he tomado la molestia de bajar el volumen al hablarte, te he hablado al oído mientras finges dormir en la cama y sé que todas esas veces me escuchas pero pretendes lo contrario. Lo sé porque he visto tu hermoso rostro retorcerse en muecas extrañas cada vez que sucede, hasta he caído en la niñería de esconderte el reloj para ponerlo frente a la foto de nuestra boda sobre la chimenea solo para llamar tu atención. También he notado como se acelera tu corazón cuando me miras en el reflejo del espejo aunque te esfuerces por no mirarme y te he sentido temblar cada vez que deslizo mis manos sobre tu pecho y aún así, aún en esos íntimos momentos, sigues negándote a mí, y aunque ya no lo soporto, lo había perdonado por que el amor que siento por ti y mi deseo de seguir a tu lado son demasiado grandes.
Al menos así era, hasta ayer, ya que a pesar de mis intenciones por acercarme, tú me llevaste al límite y ni todo el amor que siento por ti fue suficiente para salvarme de tu despecho. Lo que pasó ayer fue algo simplemente imperdonable.
Te buscaba por la casa cuando de pronto percibí un olor familiar en la cocina, inmediatamente reconocí el aroma que me hizo deslizarme hasta allá, no sabes la alegría que sentí al ver la mesa puesta para dos personas y el vino tinto que bebimos el día de nuestra boda, por un momento creí que por fin, mis esfuerzos habían valido la pena, pero la voz de alguien a quién no reconocí me hizo detenerme, avancé lentamente hasta que vi a la mujer ataviada con el mandil que mandaste a hacer por mi cumpleaños, reconozco que era muy bonita, pero su descaro fue aún mayor.
Sé que estuvo mal, pero debes entender que después de pasar tanto tiempo tratando de ser relevante para ti, en ese momento, me fue imposible contener mi ira. Al saber que habías encontrado a mi sustituta, así nada más, y encima traerla a nuestra casa, la casa que me dejaron mis padres, fue la gota que derramó el vaso, grité tan fuerte que las copas de vidrio se hicieron pedazos mientras el vino se derramaba sobre el mantel y entonces apareciste en medio de la sala, con tu rostro lleno de terror y en tu mano reconocí las rojas pastas de piel de mi viejo diario, noté el rastro de lagrimas en tus mejillas pálidas, te escribí todos esos poemas para verte sonreír pero el verte llorar así me rompió en todos los sentidos, con todas las fuerzas que me quedaban traté de recuperar mi aspecto, aquel que recordabas, traté de verme presentable pero mi energía no me lo permitió por más de unos segundos, lamento mucho que siempre tengas que ver este aspecto deteriorado y espantoso, pero no sabes cuánto disfruté ver a la mujer salir corriendo, y más vale que no te atrevas a traer a nadie más a este, nuestro hogar, porque entonces me voy a cansar de seguirte esperando y no me tentaré el corazón al venir por ti.
Espero que esta carta haya dejado claras mis intenciones y que no sigas poniendo a prueba mi paciencia.
Deseosa de que me acompañes eternamente.
N.
* * *
Este relato es mi participación en la dinámica de febrero, en creadora de historias, si queres saber de qué va, dale click a este enlace.
Quería esscribir una carta de amor pero con un transfondo tétrico y creo que lo logré, estoy muy contenta con el resultado.
Gracias por leer. Hasta la próxima.

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